Desde los más gigantescos cuerpos celestes hasta los minúsculos electrones, el eterno femenino se manifiesta incesantemente y fluye armoniosamente en toda la creación.
Grandes maestros se han manifestado en todas las épocas y civilizaciones del mundo, siempre entregando los secretos en clave, por medio de leyendas, historias, mitos, y parábolas, ocultándolos de esa manera del alcance de los profanos.
Es por ello que las civilizaciones antiguas poseían una comprensión única que les permitía vivir en equilibrio y armonía con todo lo existente.
Ellos comprendían intuitivamente que todo lo existente había nacido del vientre universal de la Madre cósmica. De acuerdo a su capacidad interior y principios anímicos veneraban a la madre de acuerdo a las tres relaciones de la vida: